El sábado 10 de octubre, en dependencias del Campus Villarrica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se realizó el taller de exploraciones volumétricas en tapicería, guiado por la artista textil Daniela Contreras Flores. La jornada, de carácter práctico e intensivo, estuvo dirigida a las 15 participantes de Vamos Brotando, quienes iniciaron en julio su recorrido formativo en gestión cultural y artesanía. La iniciativa cuenta con el financiamiento del Fondart Regional, Convocatoria 2026, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

Fotografías por Marioly Torres

Daniela Contreras es artista textil y se dedica a la creación, enseñanza e investigación de piezas elaboradas en telar mediante la técnica de tapicería. Estudió Artes Plásticas en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, donde se especializó en el área textil y posteriormente se desempeñó como ayudante y docente. Desde 2017 dirige DCF Artista Textil, su proyecto de enseñanza de tapicería, que obtuvo el Capital Abeja de Sercotec en 2022. Entre sus reconocimientos se encuentran el primer lugar en la categoría de pequeño formato de la Bienal World Textile Art, en Uruguay, en 2017, y el primer lugar en la categoría Textil del concurso de Arica Barroca, en 2021.

Esta es la segunda vez que Daniela participa como formadora de Vamos Brotando. En 2024, durante la primera edición del programa en Temuco, guió un encuentro sobre exploraciones volumétricas en tapicería. En esta ocasión, el taller convocó a creadoras de Loncoche, Villarrica y Pucón, y tuvo como objetivo contribuir a diversificar las técnicas que desarrollan las artesanas en sus prácticas textiles.

Urdiendo caminos

La tapicería es una antigua técnica de tejido a telar que ha sido empleada por diversas civilizaciones para plasmar su cultura y su visión del mundo. En el taller, las participantes conocieron distintos procedimientos de tejido y exploraron sus posibilidades técnicas mediante el deslizamiento de urdimbre. La parte práctica propuso elaborar una pieza textil de pequeño formato, vinculando el aprendizaje técnico con la exploración de formas y volúmenes. Este proceso fue posible gracias al financiamiento del Fondart Regional, Convocatoria 2026, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

En conversación con la artista, desde Vamos Brotando le preguntamos:

— Desde tu experiencia como artista textil y formadora, y según lo que pudiste observar, ¿de qué manera consideras que los contenidos teóricos y prácticos del taller pueden dialogar con las técnicas y los conocimientos textiles que las artesanas ya desarrollan en sus territorios?

—  A mi parecer, hay dos capas que pueden ser muy interesantes. El grupo con el que tuve la oportunidad de compartir tiene un conocimiento importante sobre sus prácticas textiles, y cada integrante mantiene una relación con su territorio y con narrativas personales y colectivas sobre lo que realiza. Era un grupo muy fuerte. Cuando hay buenas bases y buenos cimientos, sumar un conocimiento nuevo puede fortalecer lo que ya se hace, sobre todo en lo creativo e interdisciplinario. No se trata de hacer lo mismo que se enseñó en el taller, sino de ver cómo la práctica aprendida puede tener un impacto en la práctica ya ejecutada, tanto desde las formas constructivas, las materialidades y las paletas de color, como desde los simbolismos y sentires que se percibieron durante la ejecución.

Por otra parte, está lo teórico y también lo afectivo, porque el diálogo se construyó desde esos dos lugares. En el grupo, incluyéndome, nuestros conocimientos provienen de lugares muy distintos. Compartir en la clase contenidos como la historia de los textiles, la visión textil desde nuestro territorio o respuestas a preguntas específicas sobre sus prácticas permite ampliar los saberes que ya tienen. A su vez, ellas generaron un diálogo muy reflexivo sobre el respeto hacia los distintos saberes y sobre prácticas no extractivistas. Cuando ese intercambio se da en espacios colectivos, se fortalecen experiencias futuras, se entregan más herramientas para dialogar con otras artesanas y con espacios culturales, y se levantan nuevas preguntas, para que esas prácticas siempre se mantengan vivas y dinámicas.

Por su parte, Carmen Correa Martin, artesana de la comuna de Villarrica, creadora de la iniciativa Cantos Verdes en cuyo trabajo incluye la reutilización textil, el bordado y la arpillera, se refirió a la relación entre los aprendizajes del taller y su propio quehacer, señalando:

“Me dedico desde hace años a la reutilización textil, creando prendas con técnicas mixtas adquiridas mayormente en forma autodidacta. La oportunidad de estas charlas y talleres ha complementado mi trabajo: he adquirido técnicas formales y acabados con mayor rigurosidad y prolijidad. Además, he tenido la oportunidad de compartir con grandes maestras de mi país, lo que me llena de emoción y constituye un gran estímulo para mi creación. Agradezco a un equipo que logró cumplir todas las expectativas a través de un trabajo ordenado y planificado”.

Las 15 artesanas del programa participaron también en los talleres de arpilleras, guiado por Irma Viveros González, y de lanigrafía, desarrollado por el colectivo Bordadoras de Miramar, representado por Sylvia Yáñez Vásquez y Nancy Leiva Hernández. Las obras realizadas durante las tres jornadas formarán parte de un catálogo digital que reunirá las trayectorias de sus creadoras y fotografías de las piezas textiles. El catálogo será lanzado en diciembre de este año.

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